Exploración de la piel y sus anexos
EXPLORACIÓN DE LA PIEL Y SUS ANEXOS
Para llevar a cabo una exploración apropiada de la piel y los anexos cutáneos, es fundamental tener una iluminación adecuada; lo mejor es la luz natural, pero si no está disponible, puede utilizarse una luz artificial apropiada. El examen tiene que llevarse a cabo en un sitio adecuado, donde la temperatura del ambiente sea confortable (cerca de 20 °C) y el paciente esté cómodo. Para observar los detalles, primero se debe inspeccionar la piel en su totalidad y luego por partes; para esta última tarea, es recomendable usar un dermatoscopio o una lupa.
La piel normal tiene una textura lisa y turgente (lo que refleja una hidratación adecuada), un color uniforme en las zonas cubiertas por la ropa y más oscura en las áreas expuestas a la luz del sol (como el cuello, los antebrazos y la cara) o al roce. Es sensible a estímulos de temperatura, tacto y dolor. Cuando la piel presenta lesiones, podemos analizar su topografía a través de la inspección. Para eso, examinamos si tienen un patrón simétrico, si están ubicadas en áreas cubiertas por la ropa o expuestas al sol, en pliegues o en prominencias óseas. Además, se examina su distribución: puede ser localizada (cuando impacta solamente un segmento del cuerpo), diseminada (cuando afecta a dos o más segmentos) o generalizada (cuando casi toda la superficie de la piel está comprometida).
La inspección es el primer paso en la exploración del cabello. Esta nos posibilita evaluar su presencia o falta, limpieza, proporción, dimensiones, grosor, color, forma y cantidad; algunas de estas características están vinculadas con factores como el sexo, la edad y la herencia. La textura, el grosor y la densidad se verifican durante la palpación. La maniobra de Sabouraud consiste en realizar tracciones leves del cabello, para ver si se cae con facilidad, como pasa en algunas formas de alopecia.
Al examinar las uñas, se deben tener en cuenta los siguientes aspectos: color, longitud, grosor, integridad, forma, simetría, superficie e higiene. También es importante verificar la presencia de hemorragias o manchas. Es importante también observar el color del lecho ungueal, las características de los pliegues ungueales proximal y laterales, además del hiponiquio. En la palpación, se examinan las láminas ungueales para determinar su adherencia, resistencia, superficie, borde libre y demás. No tiene que haber dolor al tocar las láminas ungueales o el paroniquio. Cuando se aplica presión sobre la lámina ungueal, el lecho ungueal aparece de color blanco; si el flujo sanguíneo al lecho ungueal es normal, tras liberar la presión, la uña debería recuperar su color rosado en menos de dos segundos.
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